miércoles, 12 de noviembre de 2014

Sutil

No es necesario parafrasear versos,
inventarse rimas complicadas,
perder horas en la métrica y el ritmo.
No es necesario inventarse colores,
ni renombrar todo lo que ya tiene nombre,
ni reclamarle atardeceres al cielo,
ni cobrarle estrellas a la noche.
No sirve de nada encontrar lo dulce en las metáforas rebuscadas.
No sirven las analogías con astros y con flores.
Lo sutil del mundo ya te pertenece.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Campanas I

Hablé hoy con ella.
Creo que sonreía de vez en cuando, pero unos cuantos caracteres en la pantalla no son suficientes para imaginar su rostro.
Hace tiempo que no la veo. Me gustaba su sonrisa.
No ha cambiado mucho desde la ultima vez que conversamos. Sigue teniendo esa chispa de libertad que en algún momento me hizo sentir atraído a ella.
Hoy hablé con ella, y a ratos, también hablaba con los narcóticos que la poseían.

lunes, 25 de agosto de 2014

Azul

En las calles teñidas de azul, camina lento el pensamiento. En el azul de la noche, mientras el cielo nos ampara, se escabullen los desconocidos, deseosos que la luna sea eterna, que el rocío no anuncie nunca más la nueva mañana.
Las miradas se entrecruzan con los pensamientos, y cada quien lo interpreta como puede, deseando la penumbra, deseando el paso lento, deseando el azul.
Solo una farola gris te iluminaba, y eras bella.

miércoles, 23 de julio de 2014

Colores I



Nuevamente, la ciudad de Bethy se preparaba para dar la bienvenida a los peregrinos. Si bien era cierto que el ritual de peregrinaje se podía realizar dentro de tres fechas del año, cuatro viajeros era un número bastante reducido.
Era fácil darse cuenta quiénes eran con sólo verlos.
Muy fácil.
Era temprano en la mañana cuando llegaron, el sol estaba empezando a escalar el cielo, y algunos cuantos pájaros cantaban animados, como saludándolo. Una ciudad bastante rústica se dibujaba en una mezcla de piedra y madera, y el movimiento era bastante lento para ser un día laboral.
La plaza donde debían reunirse estaba casi desierta, los árboles no se movían, el viento casi no soplaba. Sólo una pequeña hada rompía el silencio: “Podríamos hacer tantas cosas juntas, con tus pechos” y una sonrisa pícara se le dibujaba en el rostro mientras coqueteaba con la lugareña.
Cynda Ab-Urnia era un hada de los Bosques Faéricos, que se encontraban a medio día de vuelo, al sur, atravesando el mar. Venía de una familia medianamente reconocida en su tierra, y estaba en Bethy, como todos los nuevos adultos, para cumplir con el ritual y ganar la bendición de un dios y obtener la coloración en sus ojos, ahora blancos. Medía no más de 50 centímetros, y aun así conseguía ser alguien que llamaba bastante la atención.
¿No me dirás nada, linda? – insistió una vez más, sin obtener ni una mueca. Eran los dos metros más tercos que había visto.
Kalie Hess, era originaria de Bethy, también acababa de cumplir su mayoría de edad y estaba lista para cumplir con el ritual de la coloración. Una mirada seria siempre le acompañaba al rostro, lo cual solo incrementaba el miedo que su tamaño y su robustez conseguían en los escuálidos hombres del lugar, quienes generalmente detestaban cuando ella iba a entregarles el correo, su trabajo de medio tiempo. Llevaba el cabello corto, a un estilo casi varonil, pero le sentaba bien a pesar de todo.
Esperaba pacientemente al alcalde de la ciudad para poder iniciar su viaje.
La voz del hada cesó cuando vio a su otro acompañante de viaje, y un gesto de asco se le dibujó en el rostro. Un insectoide de metro y medio, marrón, medio encorvado, con grandes y blancos ojos compuestos la miraba y, peor aún, la saludaba. Con sus orgullosos 6 meses de edad, también se encontraba listo para emprender el viaje.
-¡Iiiiugh! – dijo el hada retrocediendo unos centímetros, Kalie sintió alivio por esto.
-No, me llamo Saph. Saph Khké – Dijo el aludido, aunque si se lo proponía también podía ser listo.
-Iiiugh –repitió con asco- ¿Tú también vendrás? – Y antes que el insectoide pudiera responder algo, añadió – Solo mantente lejos.
Cole Smith observaba la pintoresca escena mientras se acercaba.
El cuarto integrante del grupo era un humano, durante bastante tiempo fue grumete en los barcos de los pueblos aledaños, mas nunca permaneció mucho tiempo con una sola tripulación. Él ya había conocido más temprano a Cynda, quien por su exótica apariencia lo había bautizado como “Guácala”, pero algo compartían en común, no estaban para nada contentos con la calidad de sus compañeros de viaje (De hecho, solo Saph parecía alegre de tener amigos nuevos). Sus ojos, blancos como nieve, se enfocaban ahora en el hombre que acababa de salir de la alcaldía para darles la bienvenida.
-Buenos días, peregrinos –saludó el alcalde- Sé que están aquí para comenzar su viaje hacia el templo de los elementos, en Bewold, y concretar así el ritual de la coloración. Normalmente, dispondría de un barco para que puedan surcar el océano y llegar a continente, pero me temo que esta vez no será posible.
Cynda estaba impaciente, esta noticia era la tercer cosa fea y sin gracia con la que se había topado ya ese día.
-¿Cuál es el motivo? – increpó.
-Desde hace unos días no hemos podido buscar suministros de nuestros depósitos del norte, pues una ventisca se ha prolongado bastante y no pareciera querer amainar pronto. – Respondió el alcalde- Además que se han avistado lobos por la zona, y con la pésima visibilidad y el mal clima tememos por la suerte de los que vayan.
Kalie escuchaba atentamente, sabía sobre la ventisca del norte, pero las tierras cercanas a Bethy nunca habían albergado lobos. Podríamos ayudar, dijo, la ciudad no cuenta con muchos guardias y una baja en las filas no es una opción aquí.
Los demás peregrinos no dijeron nada, pero apoyaban la moción. Después de todo, el ritual de la coloración era una fuerte costumbre del norte y no dejarían que el viento y unos lobos les impidieran llevarla a cabo.
De esta manera, logrando convencer al alcalde (aunque no de buen agrado) el pequeño grupo consiguió un par de arcos, espadas y un mondadientes de metal para la pequeña hada.
Se sortearon las armas, Saph tomó un arco, y nadie se animó a discutirle, nadie quería intercambiar palabras con el bicho, ni aunque fueran para discutir. Kalie y Cole discutían por las espadas:
-Creo que estás con una espada demás- Kalie alargaba el brazo intentando tomar una de las espadas que sostenía el hombre.
-Creo que no- Cole miraba a los ojos a la mujer que lo superaba por una cabeza, no titubeó.
-¿¿Quieres pelear por la espada?? – La enorme mujer lo miró fijamente.
-No creo que te convenga- respondió, y una mirada paralizante cortó el alma de Kalie. No discutió más, tomó el otro arco y se alejó a entrenar. Miradas como esa intimidan más que el diablo.
Un día completo entrenaron cada uno, no tenían experiencia alguna con armas, a excepción de Cynda que era experta con los arcos que sí podía sujetar. Lastimosamente, luego de que Cole se hubo limpiado los dientes con el mondadientes de metal, solo pudieron conseguirle una aguja de hueso como arma a la pequeña, a modo de jabalina.
Al día siguiente, luego de haber desayunado (bajo cortesía del alcalde), emprendieron marcha hacia el norte. Las cuevas con suministros se encontraban a 7 horas a pie. Debido a que estaban más cercanas al polo, usaban las cuevas como depósito seguro de alimentos, en incluso de dinero. Las cuevas estaban tapiadas por enormes pórticos metálicos, asegurados con muchas llaves y cadenas, a modo de impedir que proscritos y vagabundos se internen a robar.
El grupo avanzaba lentamente por las planicies, bordearon un lago, que no los desvió mucho del camino. El paisaje parecía no cambiar conforme avanzaban, y el tedio los estaba empezando a acechar. El silencio era roto solamente por algún comentario soez de Cynda hacia los pechos de la humana, pero a esta no parecía importarle mucho. Aunque había crecido toda su vida en Bethy, Kalie no tenía amigos, era un pueblo pequeño y no era común que hubiera muchos jóvenes o niños, y los pocos que había, llegaron a tenerle miedo una vez que alcanzó esas proporciones bastante atípicas para una lugareña.
Se encontraban ya por ingresar a una arboleda, las cuevas estaban solamente a un par de horas, y todo había transcurrido con normalidad.
Pero un aullido rompió el silencio.
Otro lo acompañó, y se unieron en coro.
Un par de lobos salió del bosque, y se dirigió directo al grupo. Todos alistaron armas al instante, algo felices de salir del letargo de caminar tanto tiempo sin tener nada para entretenerse.
Los lobos se dirigían rápidamente cada uno a un humano. A pesar de ser bastante voluminosos parecían ser solamente crías.
Saph reaccionó primero y lanzó velozmente una flecha a cada lobo. La primera flecha, dirigida a proteger a Cole se desvió bastante, pero la otra acertó al lobo que se dirigía a la humana, haciendo que el lobo lance un chillido. Fue un impacto directo en el animal.
Cole, desacostumbrado a luchar con armas, principalmente se dedicó a esquivar los ataques del animal, al mismo tiempo que este hacía lo propio con los torpes sablazos que mandaba el inexpresivo humano. Pero la peor parte se la llevó Kalie, que no pudo acertar un disparo de su arco hacia el lobo que ya le había hundido los colmillos en la pierna dos veces. La chica aprovechó que el lobo estaba cerca e intentó lanzarse sobre el animal, y contenerlo con su cuerpo, al tiempo que Saph lograba acertar una flecha en el lomo del cánido.
Kalie no pudo atrapar al lobo y cayó al suelo. Advirtió que el lobo estaba bastante herido por la flecha y que iba a escapar. Ella logró sujetarlo de una pata y, con toda su fuerza lo hizo volar por el aire, solo para arremeterlo contra el suelo. La impresión de aquella escena distrajo a Saph, que lanzó una flecha bastante desviada, impactando de lleno con la pierna de Cole. El humano empezó a maldecir a todo pulmón. Frustrado, lanzó las espadas lejos y arremetió un duro golpe sobre la sien del animal, que si no hubiera intentado evadirlo, lo hubiera recibido con toda la fuerza de los pesados brazos y se hubiera desplomado ahí mismo.
El animal, aturdido, comenzó la retirada, pero tuvo la mala suerte de pasar cerca de donde se encontraba Kalie, la cual terminó el trabajo que sus dos compañeros habían dejado a medias.
Finalmente agitados y con algunas heridas en los humanos, comprobaron el estado de los lobos, que yacían muertos, cerca el uno del otro. Recién entonces se dieron cuenta que no Cynda no estaba con ellos, y que no había formado parte de la batalla.
Saph fue a recuperar sus flechas perdidas. Cole rompió la que se le incrustó en la pierna, para que se le fuera más fácil caminar, pero no retiró la punta de la carne, pues sabía que podría perder sangre si lo hacía.
Fue entonces que la vieron llegar volando, de entre las copas de los árboles. Cynda se veía bastante horrorizada.
-¡Rápido, a la ciudad! ¡Si no quieren morir! -y se alejó volando encaminada en contra ruta a las cuevas.
No entendían que es lo que acababa de suceder con ella. Intentaron ver más allá y solo adivinaron a ver una gran borrasca de nieve y hielo que venía en dirección hacia ellos.
Saph, que tenía la vista un poco más aguda, alcanzó a ver qué fue lo que horrorizó a Cynda. Un enorme lobo, con brillantes ojos rojos se dirigía hacia ellos, y advirtió que era él el que estaba levantando la tormenta de nieve.
Tanto como se lo permitieron sus palabras, comunicó con muchos siseos y crujidos esta noticia a los humanos, que ahora se disponían a cargar a los lobos. No fue necesario mucha labia para hacerlos entender que estaban en peligro de muerte.
Se dirigieron lo más rápido que sus heridas y sus piernas les permitieron, de vuelta a la ciudad.

lunes, 23 de junio de 2014

Carta

Hola,
Pues sí, lo siento.
Espero sepas perdonarme, pero me ha parecido lo mejor que podía hacer.
Te he dejado algo de dinero dentro del primer cajón del escritorio, no sé dónde estará la llave, pero si no la encuentras, puedes llamar a un cerrajero, no creo que quieras estropear el mueble.
Debes estar detestándome, y lo comprendo, pero no puedes decir que no te esperabas algo así. Lo sé. Lo vi en tus ojos hace tiempo ya.
Son cosas que pasan, pero no todos tienen el valor de hacerlo. Es irónico, "se requiere de valor para ser cobarde", como tú decías.
No te preocupes de mis cosas, haz lo que veas conveniente con ellas, la verdad no me importa mucho. Todo es dispensable.
Lo siento, llaman a la puerta.
Suerte en todo.

viernes, 4 de abril de 2014