No es necesario parafrasear versos,
inventarse rimas complicadas,
perder horas en la métrica y el ritmo.
No es necesario inventarse colores,
ni renombrar todo lo que ya tiene nombre,
ni reclamarle atardeceres al cielo,
ni cobrarle estrellas a la noche.
No sirve de nada encontrar lo dulce en las metáforas rebuscadas.
No sirven las analogías con astros y con flores.
Lo sutil del mundo ya te pertenece.
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