sábado, 3 de noviembre de 2012

Claroscuro II

Despertó, y todo estaba borroso; sus ojos estaban húmedos, llenos de lágrimas. La luz de la luna ingresaba por un pequeño espacio, entre las cortinas que cubrían la ventana del cuarto.
Sintió un nombre en la punta de la lengua, un nombre familiar, pero no pudo terminar de adivinar cuál era.
Se sentó en la cama.
Las manos, sudorosas, se movieron lentamente hacia su frente.
Sus pupilas se achicaban.
El corazon latía
más
rápido
cada
vez.
Sus pulmones se agitaban.
Una punzada de dolor repentino en la cabeza.
Voces.
Voces lo acosaban.
En las sombras, dedos flacos y pálidos se mostraban.
Le apuntaban.
Le punzaban el alma.
El aire se volvia denso...
Tóxico.
Mortal.

No cabía duda. El experimento había sido un éxito.

viernes, 5 de octubre de 2012

Claroscuro I

Recuerda quién eres, recuerda por qué eres y recuerda por qué no has cambiado. No olvides tu identidad. (Relatos Perdidos en el espacio )

Se levantó súbitamente. Aún estaba oscuro y la luna, pálida y gris, coronaba la inmensa noche. No recordaba ese callejón, pero algo le resultaba familiar. Se levantó del sucio suelo y se sacudió las ropas mirando a su alrededor, buscando sin muchas esperanzas a alguien.
Cuando se convenció de que estaba solo, caminó hacia la calle, tratando así de ubicar su posición.
La calle estaba desierta, azul y desierta.  Los faroles la iluminaban tenuemente; las casas y los negocios del lugar estaban cerrados. Pudo ver un auto aparcado a unos cuantos metros, era un modelo viejo y le pareció un milagro que alguien aún le dieran uso. Escuchó el aullido de un perro a lo lejos, y sintió un escalofrío. No estaba seguro, pero sentía que olvidaba algo, algo reciente, algo que el mundo le pedía a gritos recordar.
El frío volvió a golpear su cuerpo, y se dio cuenta que estaba desnudo. Buscó sin suerte algo con qué taparse, y fue corriendo, o caminando lo más rápido que sus entumecidas piernas le permitieron, de vuelta al callejón.
Divisó un abrigo detrás de unas cajas vacías, y le pareció extraño no haberlo notado antes. Cubrió su cuerpo y buscó entre la basura algo más que le fuera de utilidad.
Encontró tela cortada y rota. pero nada que le sirviera realmente. Decidió salir una vez más a la calle. Escuchó un ruido. Sus piernas ya le respondían más rápido y su mente estaba empezando a procesar la situación.
-Necesito volver a casa -pensó.
Fue entonces que se dio cuenta. La última memoria que tenía, el calor del hogar.
"¿Cómo llegué aquí?" "¿Por qué estoy desnudo?" "¿Qué sucedió?"
Los pensamientos empezaron a llegar de golpe, y la preocupación empezó a invadirlo.
Siguió caminando a lo largo de la calle, con un rumbo al azar.
Consiguió divisar un reloj. En poco tiempo saldría el sol, y él aún no recordaba el camino a casa.
Se sintió frágil, desprotegido... expuesto.

Se largó a correr por la calle, tenía la esperanza que, aunque su mente no recordara el camino, sus piernas sí lo hicieran. Cerró los ojos, y se perdió en su mente. Sentía que su cuerpo se movía, y, como él deseara, sus piernas guiaban el camino.

Era como si su mente se negara a recordar

Unos brillantes ojos amarillos se dibujaron en su mente. Ojos grandes y fijos que lo miraban. Ojos que jamás había visto. Un escalofrío recorrió su espalda y se detuvo, lanzó una mirada y se encontró de vuelta en el callejón.
La desesperación se hacía más pesada, y sentía que su miedo era tan vivo que podría palparlo con las manos. Sintió arder su pecho, como si el fuego más vivo estuviera consumiéndolo. Se sintió atravesado, acuchillado. Se giró lentamente hacia la salida del callejón. Y pudo verlos.
Esos amarillos ojos, fijos, como dos lámparas, quemando su cuerpo, quemando su alma.

Un grito rasgó la noche, y se levantó de golpe.
Una vez más, había tenido la misma pesadilla.