"Un pequeño destello de luz me cegó. Una fracción de tu sonrisa bastó para contenerme, para despedazarme. Y descubrí que mi libertad no tenía sentido, pues quería estar preso en tus brazos, ser esclavo de tus besos, vivir bajo el yugo de tu amor..."
Levantó la vista, suspiró, continuó leyendo. Eran las 3 de la mañana, y el cansancio golpeaba en la espalda, pero no le importó. Solo quería que el tiempo pasara, encontró algo de poesía barata, guardada en algún cajón y decidió leerla. No estaba seguro de por qué leía, no era nada elaborado, el verso era frágil, sin mucha gracia y muy meloso. Poesía barata. Esa era su forma de pensar, de vivir. No entendía el sentido del anonimato.
"...Me malacostumbré a verte feliz..."
No era mas que poesía barata, cursilería, vueltas sin sentido. ¿Por qué no decir directamente todo?
"...y te malacostumbraste a mi sentido de amar..."
Lo dejó a un lado.
No lo comprendía, se levantó y fue a su cocina. Tomó un vaso con agua y luego cerró los ojos, como quien trata de dibujar en el infinito. El pasado estaba cada vez mas lejos.
Y sus memorias se teñían de sepia.
El sueño ya lo estaba tomando del brazo. Revisó la hora en el reloj de la pared. Eran las cuatro de la mañana. No le preocupaba, pues era domingo. Siempre se podía dormir un poco más.
Se dirigió a su cama, y una sonrisa tierna se dibujó en su rostro. Suspiró por segunda vez esa noche. Se recostó al lado de su esposa y la abrazó. Aún no comprendía como su poesía barata pudo dar en el corazón de aquella mujer.